dijous, 21 de maig de 2015

1er Premi CFI Prosa Castellana

Autora: Souhayla el Boutakmanti el Azizi. 

  El verdadero amor 

 Volví tras varios años, aquel lugar que me vio crecer y que me arropó en su lecho tanto tiempo. Aún recuerdo mi partida, tantas lágrimas derroché junto a él. Nos dimos nuestros últimos besos, sin poder llegar a pensar que serían definitivamente los últimos. Él fue mi primer amor, nunca logré dejar de pensar en él. Esa mirada tan sincera, esos labios tan sensuales, esa sonrisa que se me contagiaba siempre. Nunca pude olvidarme de él y por eso estaba dispuesta a decir todo aquello que jamás le dije y de demostrarle que todos mis sentimientos eran sinceros y que todo este tiempo no había desaparecido su recuerdo si no cada segundo estaba mas segura de lo que sentía. Al llegar bajé del coche exaltada, todo era tal y como lo dejé años atrás, como si el tiempo se hubiera detenido y esperaba mi regreso. Caminando, caminado sin darme cuenta llegué a su casa, decidí tocar, iba a por todas, quería que el tiempo siguiera pero esta vez junto a él para siempre.
Toqué a la puerta, tras varios segundos abrió la puerta era él, no había cambiado nada. 
Al verlo se me iluminó una sonrisa en la cara, noté como nunca algo en el corazón, un dolor muy fuerte, cuesta de expresar lo que en ese momento se me estaba pasando por la mente, lo que mi cuerpo estaba sufriendo y el deseo de decirle todo lo que durante años había esperado. En ese momento se me vino el mundo abajo al ver a esa mujer junto  él. Pensé que él a diferencia de mi pudo rehacer su vida que quizá lo que yo sentía hacia él era inmenso al lado de lo que él sentía o sintió alguna vez. Dudas y mas dudas pasaban por mi cabeza quería echar a llorar pero él no dejaba de mirarme, con esa mirada tan dulce. Entonces empezó a hablar y  a preguntarme cosas absurdas, nos tiramos horas y horas así, sin hablar en nada concreto y lo único que hacia yo era pensar en la imagen de esa mujer. Aquella que odié durante ese tiempo al saber que ella ocupaba mi lugar. 
Ya era tarde, ya me tenía que ir y él caballerosamente me quiso acompañar. Caminamos en silencio por esas callejuelas, no me dijo nada pero no dejó de mirarme, hasta que rompí el silencio diciendo " ya hemos llegado". Nos despedimos sin decir nada, allí las palabras sobraban. Se fue calle abajo y yo no dejé de verlo hasta que se alejó tanto que la mirada no me dejó seguirle los pasos.
Al día siguiente me llamó y me dijo que tenía algo que darme. Quedamos para hacer un café en un bar del pueblo, donde solíamos ir tiempo atrás. Recordamos niñerías que envejecida por el tiempo. Ya se hozo tarde y tenía que irse, supongo que para estar con su mujer, pero antes de irse me hizo prometerle que no abriría la caja hasta que no me avisara. Tal y como me dijo no abrí la caja, aunque tengo que admitir que me moría de ganas, pero la promesa me hizo no defraudarle.
Al  amanecer encontré una carta en la puerta en la que citaba en aquel acantilado que fue testigo de momentos inolvidable de los dos. Quería aclararme algo, así que al anochecer nos volveríamos a ver. 
La duda me rondaba mi cabeza durante el día entero, no sabía si era apropiado ir. Ya era tarde, pero decidí ir. Llegué lo suficientemente temprano para ver su cara de desilusión.
Me dijo: " me voy, ya que es tarde con esto me lo has dejado claro". No me dio tiempo a decirle nada.
Al día siguiente vino la policía a mi  casa , me dejo una carta que ponía mi nombre y dijo uno de ellos " lo siento", no entendí nada no sabia que pasaba.
Salí a la calle mientras, abrí la carta tan fuerte que rompí un trozo de ella, pero se podía seguir leyendo.
En la carta ponía " no quiero que pienses que no te quiero, porque no es así. Durante estos años no dejé  de pensar en ti. Creí  que el amor hacia mi había caído en el olvido. Si llegas a cumplir nuestros sueños juntos, hasta el fin de nuestros días pero no pudo ser, como mi fin no llegaba, he echo que llegue,. así mi corazón  descansará después de tanto sufrimiento por no tener lo que tanto deseaba, a ti. Ahora tan solo deseo que salgas adelante, que te vuelvas a enamorar y que te olvides de todo de mi, como si no hubiera existido. Por último te diré algo que nunca te dije, te quiero.
La mujer que viste en mi casa era mi hermana, nunca llegué a sacarte de mi cabeza, ni pude rehacer mi vida al lado de otra mujer, porque la única mujer que existió en mi vida fuiste tú.
Caminando caminando llegué al acantilado. Mientras dos lágrimas recorrían mis mejillas, di un paso al frente, dejando caer mi cuerpo. Así la muerte nos separó y nos unió de nuevo. Ya nunca nos separará nada.

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